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martes, 26 de octubre de 2010

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti

lunes, 22 de febrero de 2010

SF

La gente solía llamarlo ‘freak’, vocabulario que nunca antes había entendido hasta hacía poco tiempo atrás. Le era frecuente ya escuchar cosas como ‘mira ahí viene el freak’ y que todo el mundo lo mirase de manera rara, como si estuviesen viendo algo fuera de lo común. Al principio le fue muy difícil acostumbrarse a ser el centro de las burlas, ser el chico más ignorado, y ser tratado como un auténtico extraterrestre. Los primeros meses pensó que se trataba de la colonia “Paco”, sí, su colonia favorita ya que él siempre había preferido los clásicos, pero ahora que una nueva versión había salido, “Paco boliche”, su madre no había dudado en comprársela por sus sobresalientes notas en el boletín y así pudo completar la colección de sus colonias. Nunca pensó que “Paco boliche” espantaría así a las mujeres, pero con el paso del tiempo lo había asumido, y había aprendido a no darles importancia. Ya no le afectaban las cargadas, todo lo contrario, se sentía orgulloso de la persona que era, un ‘freak’ como el resto lo llamaba.




El mejor párrafo de la historia de los cortos. Sin palabras. Paco, te banco a muerte, porque vos fuiste parte de los regalos de cumpleaños que hice en mi infancia, como también mujercitas, pero nunca pensé que Paco boliche espantaría así a las mujeres.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Confesiones

Tengo que admitir que lo siguiente es horrible, pero ya maté muchas veces a viejito en mis pensamientos, sobre todo en los peores momentos, intentando descubrir qué sentiría, pero siempre me terminaba autocagando a pedos por pensarlo. Últimamente ese pensamiento (el pensamiento de yo pensando en eso) se me estuvo viniendo a la cabeza, y pensé mucho en subirlo al bloguito, pero no sabía cómo, y por un tiempo me lo había olvidado. Ayer a la noche vi una película que me removió todo, hasta el apellido, y ese pensamiento volvió, pero esta vez lleno de angustia, porque estaba viendo casi lo mismo que pensaba, aunque por un momento entendí que no hubiese estado mal, tenía una angustia terrible, y me enojé por haberlo pensado. Hoy me puse a hablar sola conmigo -algo que suelo hacer muy seguido- y me desenojé, creo que era un proceso que necesitaba para estar bien conmigo misma. Era como un libro de autoayuda escrito en hojas mentales, donde la autora era y soy yo. Ojo, también tengo que admitir que fue divertido haber visto la película mientras mis ojos parecían las cataratas del iguazú un día de lluvia, y haberme dormido apenas terminó, para levantarme y que todos me miraran los ojos hinchados asegurando que estaba así porque dormí mucho cuando en realidad me había levantado temprano pero me había quedado en la cama, porque no hay nada mejor que eso, encima un domingo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Palabras más, palabras menos

Palabras más, palabras menos
Palabras más o menos ayer me decías
Palabras más o menos que no me quieres
Palabras más o menos me estás dejando en cueros
Palabras más, palabras menos
Palabras más palabras más palabras menos

Hay una variedad infinita de silencios. Hay un millón y medio de formas de nombrarlos, por no decir que un poco más también. Hay silencios incómodos, silencios que relajan, silencios que siembran incertidumbre, silencios que derrochan certezas. Hay silencios y hay palabras. Hay palabras hechas de silencios y silencios hechos de palabras. Hay palabras de silencio, y silencios de palabras.

Palabras más palabras más palabras menos
Es lo que menos te puedo dar, es lo de siempre
Palabras viejas palabras sólo como pasatiempo
Palabras que soplan en el viento
Palabras fáciles de olvidar

No sé cómo será para vos, pero el silencio de mi parte no es de arrepentiemiento porque estoy convencida -y esto solo pasa unas pocas veces- de que yo no tengo la culpa. Tampoco sé qué sentirás con tu silencio, pero a mí no me afecta, a lo largo del tiempo me construí una coraza -destructible, obviamente, pero que cada vez se vuelve más fuerte- que me defiende. No sé en qué quedará este silencio, que en realidad está lleno de gritos, rencores, peleas, y palabras por demás, para mí es fácil de olvidar, es más, casi ni me lo acuerdo.

Palabras más o menos las que hoy me duelen
Palabras más o menos sentimientos ajenos
Palabras más o menos palabras que pueden lastimar
Palabras menos menos menos palabras más
Palabras más, palabras menos.

Y a pesar de mi súper coraza, las palabras (o los silencios), me duelen hoy, ayer y siempre, y si antes dije, o te hice creer, que no me afectaban es una vil mentira a mí misma para no aceptar la realidad, porque además de escudo, es máscara (y más cara también). Y del silencio que nos separa -o nos une- hay palabras ajenas, que intentás mechar para ver si se me mueve algo en el interior, y no lo lográs. Agregás palabras, sacás palabras.

Palabras más palabras más palabras menos
Es lo que menos te puedo dar, es lo de siempre
Palabras viejas palabras sólo como pasatiempo
Palabras que se lleva el viento
Palabras menos, palabras más.

Y así y todo, ccon un abismo de silencios (o de palabras más) en el medio, no necesito hablarte para darte a conocer mis sentimientos, no necesito palabras para demostrártelos, y vos, en tu silencio, los conocés perfectamente. Hay palabras más, palabras menos, pero entre silencios, te quiero.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ensayo sobre el amor

En conclusión, se puede decir que el amor trae alegrías, así como algunas tristezas, pero si es verdaderamente puro, el amor trasciende, el amor es lo que queda. Puede enfermar, pero también puede curar, a veces es blanco, a veces es negro y a veces es un sinfín de colores que nos enceguece, es locura y realidad, es soñar y tener los pies en la tierra, es complejo y simple a la vez, es un conjunto de sentimientos opuestos que nos movilizan, y son fundamentales en la vida de todo humano.


Diel estudiantil

viernes, 14 de agosto de 2009

Miedos

Miedo a lo que se esconde debajo de la cama, en el placard, miedo a la oscuridad, a las arañas, a las alturas, miedo a quedarse encerrado, miedo a los cuentos de Edgar Allan Poe, a “El misterio de Salem’s Lot”, miedo a los payasos, a quemarte, miedo a jugar, miedo a los ladrones, a los secuestradores, a los violadores, a los asesinos, miedo a las leyendas urbanas y a los fantasmas, miedo a los ruidos que escuchás en la cocina. Miedo a la noche, al día, miedo a avanzar, miedo al qué dirán, miedo a los sapos, a las ratas y a los cocodrilos, miedo a no caer bien, miedo a decir lo que sentís, miedo a lo que se esconde debajo de una conversación, miedo a aceptar lo que no sentís, a aceptar lo que no siente. Miedo a los perros, a no sé qué, miedo a unirte a una tribu urbana, miedo a no tener miedos, miedo a perder los dotes, miedo a envejecer, miedo al cáncer, a las operaciones, miedo a ir de frente, miedo a retroceder, miedo a crecer, miedo a recriminar, miedo a estar mejor, miedo a quedarse sola, miedo a tener que comprar un gato que se llame Roger para hablar con alguien, miedo a que Roger se escape, a tener que explicar cosas sin nombre, miedo a subestimar, a ser subestimado, miedo a que te malinterpreten, miedo a la mentira, miedo a la verdad, miedo a romper la cámara, a que te reten por romper la cámara, a repetir mucho la palabra miedo, miedo a decir “Verónica” nueve veces en el espejo, miedo a lo inesperado, miedo a lo desconocido, miedo a que te descubran, miedo a que no te descubran, a que te descubran y te feliciten. A que la china del supermercado se de cuenta de que te estás robando una Pepsi, a equivocarte, a equivocarte otra vez, miedo a no poder arreglar la cámara, miedo a que se derrumbe tu casa, miedo a que se derrumbe tu familia, a los tiburones de Mundo Marino, a probar cosas nuevas, a mudarse de realidad por un rato y no poder volver a la propia. Miedo a entregarse, a perderse en otra persona, miedo a aceptar que alguna vez viste una novela y te gustó mucho, miedo a perder una apuesta, a fracasar, miedo a que no le importe lo que te pase, miedo mezclado con incertidumbre y tristeza, miedo vencido, alma corajuda. Miedo a compartir tus miedos, a que todos los miedos no sean sino uno solo y universal. Miedo a que haya algo más fuerte que vos, a que no haya algo más fuerte que vos, miedo a empezar y no poder parar, a que se te gaste la tecla de la coma en el teclado, miedo a que te crean ignorante, miedo a que crean que sabés demasiado. Miedo a no soportar el sistema, miedo a la guerra y a los golpes de estado. Miedo a darse cuenta que se es débil, miedo a no saber bien a qué se le tiene miedo, miedo a que lo dulce se torne empalagoso, miedo a la muerte, miedo a que se acaben los veranos, miedo a las despedidas, al olvido. Miedo a las agujas y jeringas, miedo a cansar o a que te cansen, miedo a las caretas, miedo a lastimarte, a que lo lastimen, a lastimarlo yo, miedo a no poder cuidarlos. No quiero tener miedo a acercarme a esa gente que quiere sacarme los miedos.

"Miedo que da miedo del miedo que da" Julieta Venegas y Lenini

jueves, 18 de junio de 2009

All you need is love

Mujer que busca amor

Había una vez una mujer que buscaba el amor. Lo buscaba de un lado a otro de la vida averiguando sus paraderos y preguntando por sus maneras. Lo buscaba intensamente.
Se ponía su piel y sus tocados de mujer y salía a buscarlo inventando baladas en los anocheceres y valses en las medias noches.
Se ponía sus mejores ojos y sus mejores labios y salía a buscarlo con caricias que después quedaban por ahí como palomas mojadas. Ella y el amor se desencontraban siempre.
Ella iba y él venía. Ella andaba por la selva y el amor por el desierto. Ella en el desierto y el amor en las alturas.
Ella en las orillas de arena y el amor dando vueltas por el Obelisco.
Lo buscaba en los puentes, en los túneles, en las avenidas, en los caminos de tierra. Todo un itinerario de búsquedas con líneas rectas y curvas que se fueron agregando a las líneas de sus manos.
A veces salía a buscarlo con herraduras de siete clavos.
A veces con la rosa de los vientos mojada en agua de rosa mosqueta. Otras veces con tréboles de cuatro hojas latiendo en la mitad del pecho.
Creyó encontrarlo en los halls de los cines, en los museos, en los aeropuertos, en los bares, pero sólo fueron señales equivocadas. Ilusiones de los ojos. Encantamiento de los labios. Un día dejo de buscarlo.
Guardó las herraduras y los tréboles en los cajones.
Dejó que la rosa de los vientos se fuera con el viento sur y salió a la vida por otra puerta.
Caminó de un lado a otro tratando de saber cómo eran esos caminos. Cómo era caminar sin buscar el amor. Sin esperarlo.
Ir por la vida sin el reloj de los desencuentros. Andar con cada cosa en su lugar.
El corazón cumpliendo sus latidos y los ojos cumpliendo sus miradas. Andar así era un alivio de cuatro hojas.
Una tarde volvía de cualquier lado caminando como si el paraíso pasara por esa calle.
Iba como en el aire pensando en cualquier cosa florecida.
Iba con el reloj en ninguna hora y el corazón en ninguna espera. Caminando así dobló la esquina y ahí estaba el amor.
Ahí estaba, esperándola con un aire de selvas y de océanos, en medio del ruido de los autos y de los semáforos florecidos. Ahí estaba, con esa pluma de paloma en la solapa.
Con ese ramito de lavanda que no se había marchitado aunque ella hubiera demorado tanto tiempo en llegar.

Lía Schenck

sábado, 13 de junio de 2009

Luna Nueva Parte 2

El principe no iba a regresar para despertarme de mi letargo magico con un beso, al fin y al cabo tampoco yo era una princesa.

Luna Nueva

Mi vida era como una noche sin luna antes de encontarte, muy oscura, pero al menos habia estrellas, puntos de luz y motivaciones… Y entonces tú cruzaste mi cielo como un meteoro. De pronto, se encendió todo, todo estuvo lleno de brillantes y belleza. Cuando tú te fuiste, cuando el meteoro desapareció por el horizonte, todo se volvió negro. No habia cambiado nada, pero mis ojos habian quedado cegados por la luz. Ya no podían ver las estrellas, y nada tenia sentido.

sábado, 6 de junio de 2009

Ramiro Ordóñez


Ramiro Ordóñez, Rama para sus amigos que conocían la destreza del rubio pelicorto a la hora de bailar o de hacer algún deporte. Sí, a Ramiro se le hacía imposible ocultar cuán de madera era para esas cosas. Un joven de veintitantos años sumamente tranquilo, sensible y enamoradizo. Su corazón era tan grande como su pasión por la música y había sufrido tantos desamores como familiares tenía, y no es que su familia fuera chica, todo lo contrario.

Generalmente su vida transcurría sin sobresaltos, estudiaba psicología en la Universidad de Buenos Aires a la mañana, a la tarde se dedicaba a componer canciones o pasar un buen rato junto a su incondicional amiga guitarra y a la noche estudiaba de sus apuntes para estar al día con la siguiente clase. Súper responsable, uno de los mejores alumnos en su curso, y uno de los pocos varones que quedaban cursando aquella materia. Los fines de semana los pasaba en familia o con sus amigos, salvo los días en que necesitaba un momento para él y se quedaba encerrado en su departamento, acomodando sus ideas.

No era de muchas palabras, prefería escuchar, observar y escuchar un poco más, buscando el momento indicado para decir la palabra justa, pero a pesar de no ser muy hablador era un tipo bastante sociable, todos sus compañeros lo llamaban para salir, o para charlar un rato. Ramiro era la persona indicada a la hora de buscar a alguien con quién hablar, como psicólogo iba a llegar lejos, lo decía todo el mundo. Eso sí, a sus verdaderos amigos los contaba con la palma de la mano y no los cambiaba por nada. Por sobre todas las cosas estaba Marianella Rinaldi, su mano derecha, en algún momento había estado enamorado de ella pero necesitó poco tiempo para darse cuenta de que el amor que le tenía era el que se le tiene a una hermana y no a una novia. A ella le seguía Juan Morales, alias Tacho, compañero de mil aventuras, ellos dos eran como sus piernas, ellos eran su sostén, su equilibrio en la vida, su cable a tierra. Aparte de ellos estaban Jazmín Romero, la gitana, que tantos días había dedicado a enseñarle danzas españolas, esfuerzo en vano ya que él no había aprendido nada, y Thiago Bedoya, que le había enseñado que no tenía que prejuzgar, que no todos los hijos de padres ricos eran nenes de papá y que la vida lo había golpeado tanto o más que a cualquier otra persona con menos recursos.

Cualquiera de los cuatro hubiera respondido lo mismo si les preguntaban ¿Cómo es Ramiro Ordóñez? Una persona increíble, un amigo de fierro, un poco inseguro de sí mismo y un romántico incurable.

Muchas chicas lo catalogaban como el hombre perfecto, pero a pesar de eso Ramiro seguía siendo un joven de poca suerte en los temas del amor. Si le seguían cerrando las puertas en la cara iba a tener que buscarse una nueva nariz porque la suya iba a morir aplastada. Él estaba despreocupado, se enamoraba fácilmente, sí, pero no iba buscando al amor, dejaba que el amor lo encontrara, y sabía que la persona justa iba a llegar en el momento indicado. Estaba seguro de que mientras más empeño pusiera en encontrarse con el amor más desencuentros tendría, así que dejaba que las cosas fluyan a su manera y él se enamoraba de la vida.

Desde siempre había soñado con poder pisar el continente Europeo, más precisamente poner sus dos pies en Francia y caminar hasta el cansancio. Hacía unos años había ido a un par de clases de francés, por si acaso, y hasta se había comprado una boina negra para sentirse menos extranjero cuando, algún día pisara aquél país. Y ese algún día había llegado.

En el mismísimo momento en el que pisó el avión de ida su vida cambió para siempre. Había decidido que el Ramiro lleno de inseguridades y con mala suerte en el amor iba a quedar en Buenos Aires, mientras que en Francia se mostraría como el ganador, como el seguro, como el que, verdaderamente, no era, porque claro, cuando uno empieza de cero es muy fácil ponerse máscaras y aparentar ser lo que uno quiere ser. Una decisión estúpida, pero solo iba a darse cuenta días más tarde.

Ya había recorrido el museo de Louvre de pies a cabeza, y se había perdido en todos los recorridos que había hecho, había subido y bajado la Torre Eiffel unas cinco veces (tanto por ascensor como por escaleras), había caminado por Le Champs Elissé una incontable cantidad de veces, había hablado con muchísimas mujeres en un francés muy precario, y había robado suspiros de varias muchachas. Ese era el Ramiro con el que siempre había soñado ser, el de pisada fuerte, el modelo carilindo, el que caminaba con aires de superior. Pero ahora que veía cómo era ser así no le estaba gustando, no se reconocía cuando se miraba al espejo, veía a una persona fría, una persona que se llevaba la vida por delante sin importarle absolutamente nada y él estaba lejos de querer ser así.

Si a la gente no le gustaba lo que veía, problema de la gente, él se iba a sacar esa careta e iba a volver a ser el Ramiro Ordóñez lleno de dudas de siempre, con la diferencia de que ahora se aceptaba tal y como era y estaba a gusto con él mismo.

Las tardes de París lo llenaban de inspiración, que volcaba rasgueando las cuerdas de su guitarra mientras acompañaba la melodía con su voz. Esa tarde no era la excepción. Se encontraba sumamente concentrado entonando la canción “Do you want to know a secret” de los Beatles y la gente empezaba a juntarse a su alrededor para escucharlo. Eso no era nada nuevo, los parisinos solían acercarse a donde estaba él, disfrutaban de sus canciones y además sabían que él no pedía nada a cambio, ni siquiera esperaba que lo aplaudieran, él lo hacía por y para él, porque le hacía bien y porque era lo que amaba. La canción había finalizado y todo su público había vuelto a esparcirse por la plaza para seguir con lo que cada uno hacía, todo el público menos una muchacha de larga melena rubia.

- Félicitations, j'ai adoré-Dijo la rubia en un perfecto francés, con una sonrisa radiante en su cara. El rubio levantó la mirada y se encontró con los ojos de la chica que le acababa de hablar, con sus miradas conectadas el resto del mundo había desaparecido.-¿Comment tu te appellez?-Preguntó ella sentándose al lado de Ramiro en el banco.

-Je… Je m’ appelle Ramiro-Contestó él titubeando, en un francés muy mal pronunciado. En ese momento el muchacho se maldecía a sí mismo por haberse ausentado a tantas clases de Francés por culpa de Sofía, otro de sus amores no correspondidos, y por haberse animado a mirar a los ojos a la rubia que lo estaba encandilando con su belleza.

-¿Quel est votre nationalite?-Preguntó ella con total naturalidad dejando que su armoniosa voz llenara los oídos Ramiro. Y para ese momento Ramiro sentía que estaba escuchando el cantar de los ángeles y que estaba en el cielo.

-Je suis argentin-Respondió él con una sonrisa, no porque había podido responder esa pregunta, sino porque se sentía increíblemente feliz al lado de aquella chica que todavía no le había dicho su nombre.

-¡Qué casualidad! Yo también soy de Argentina-Exclamó totalmente entusiasmada dejando que su sonrisa se ensanchara aún más y que el corazón de Ramiro esté a punto de salírsele del pecho en cualquier momento.

-¿Y cómo te llamás?-Preguntó él ahora un poco más seguro.

-Valeria, pero prefiero que me digan Vale.

-Un gusto Vale, yo prefiero Rama, pero como quieras decirme está perfecto.-Él le sonrió tiernamente y ella le devolvió la sonrisa. La conexión que había entre los dos era única y la cantidad de sentimientos que estaban apareciendo en el interior del rubio pelicorto era realmente increíble.

En ese momento Ramiro Ordóñez había encontrado al amor de su vida, y esta vez no era otra de las trampas que le ponía el destino, esta vez era su verdadero amor, lo que había estado esperando durante sus escasos veinticuatro años de vida. Había estado hablando con Valeria por horas y ni siquiera se había dado cuenta del paso del tiempo, sentía que la conocía de toda la vida y que era estaban hechos el uno para el otro.

-Bueno tronco…-Empezó a decir ella mientras se paraba del asiento, cuando él soltó una carcajada-¿Qué pasa?

-¿Me dijiste Tronco?

-Sí, ¿no me dijiste que preferías que te diga así?

-No, Rama dije.

-Bueno, tronco, rama, es todo lo mismo…

-Está bien igual, además me gusta cómo suena.

-Te bautizo como Tronco, eso sí, no quiero que nadie más te diga así porque se pudre todo eh.-Dijo ella a
modo de amenaza, levantando su dedo índice para señalarlo a él.

-Quedate tranqui Vale, vos sos la única a la que le voy a dejar decirme tronco.-Y una vez más se sonrieron
mutuamente.

-Bueno, como te decía, me voy yendo porque ya es tarde… Mañana vuelvo a pasar por la plaza a ver si estás y te escucho cantar un rato.

-Dale, a ver cuándo te animás a cantar conmigo.

Después de ese día, las tardes que pasaba tocando en la plaza ya no eran por ni para él, ahora eran exclusivamente para ella, todas y cada una de las notas que salían de su guitarra, todas y cada una de las palabras que salían de su boca, todas las canciones, todas las tardes, todo estaba totalmente dedicado a ella.

Y su alma ya no andaba sola tropezándose con los desamores. Su alma había afirmado sus pies sobre la tierra o más bien en el cuerpo de la rubia, porque hasta su alma era para ella.

Esa tarde no sonaban los Beatles como las tardes anteriores, ese día solo se escuchaban sus corazones. Sus corazones y sus labios, que iban al ritmo acelerado que habían adquirido sus corazones. Y si de fondo sonaba Carla Bruni o La Rama te mueve ninguno de los dos se había dado cuenta, bueno quizás ella sí, porque Rama le movía toda la estantería, como diría Marianella.




A mi media naranjú.
Y voy por tí bonito
No te vas a escapar
Que las reinas gitanas
Saben lo que es amar.


La gitana


Jazmín Romero bailaba frente al espejo de un aula en un importante estudio de artes desde hacía varias horas, estaba cansada, transpirada y sedienta pero faltaban pocos días para dar su examen final y convertirse en profesora y eso la mantenía ocupada. Hacía lo posible y lo imposible por mejorar su técnica. “Tá, tica, tá” Se repetía mentalmente el ritmo del zapateo que tenía que hacer y empezaba a mover sus pies junto con sus manos y su pollera.

Media hora más tarde la rubia había quedado satisfecha con su zapateo. Se animó a tomarse medio minuto –contado por reloj- para beber un sorbo de agua, justo cuando giró su cabeza hacia la derecha. Ahora tenía un nuevo objetivo y eran las castañuelas, las benditas castañuelas que tanto la habían frustrado en su infancia pero que ahora las manejaba con destreza y que estaban apoyadas en la silla que estaba a su derecha. “Tá, arriá, ta” Marcaba el ritmo con su cabeza mientras movía sus dedos ágilmente.

Poco a poco se fue acercando al centro del aula, sin dejar de tocar las castañuelas y zapatear, Jazmín empezó a dar unos cuantos giros y a mover agraciadamente sus caderas. Estaba tan concentrada que ni siquiera notó que tenía público, sino hasta que finalizó la coreografía y empezó a escuchar aplausos.

Giró su cabeza hacia la puerta de la gran sala y vio a un rubio pelilargo de rulos sonriente, apoyado contra el marco de la puerta, aplaudiendo con todas sus fuerzas.

-¡Tacho!-Gritó la rubia con una sonrisa-No sé por qué me aplaudís ¿No viste que me perdí en un par de pasos?

Juan Tacho Morales. Estudiante de canto y batería. Eran mejores amigos desde que tenían uso de razón, se conocían desde siempre y toda su vida se habían llevado muy bien. Todos les decían que parecían una pareja de enamorados, solían caminar de la mano, abrazarse constantemente y de vez en cuando hasta salir a cenar los dos solos, pero más allá de eso todos lo veían en sus miradas, cada vez que el otro llegaba o era nombrado, en sus ojos aparecía un brillo especial. Los dos se reían ante esos comentarios y a veces hasta les seguían el juego. Ella porque le causaba gracia que crean que estaba enamorada de su amigo. Él porque no le quedaba otra, no podía confesar el amor que sentía por la rubia de melena larga que ahora estaba acercándose al grabador para poner otra canción.

-Bailaste excelente bonita, y si te perdiste no se notó, en todo caso la única que sabe cómo es la coreografía original sos vos ¿No?-Contestó el rubio acercándose para saludar a Jazmín.

-Gracias bonito, vos siempre con las palabras justas para levantarme el ánimo, te amo novio.-Dijo ella riendo mientras depositaba un ruidoso beso en la mejilla de su mejor amigo.

Ella se divertía con el juego. Él jugaba con fuego y se lastimaba, sentía cómo se estrujaba su corazón al saber que no podía besarla, pero la amaba tanto que se conformaba con tan solo un “Hola” por parte de ella, para el momento en el que ella o saludaba él ya se sentía como en el paraíso.

-Teniendo en cuenta que somos novios creo que me merezco un baile especial para mí, ¿Qué pensás?

-Mmmm…-dudó-No sé… hace mucho que no me das un abrazo ni me decís que me querés, no sé si quiero seguir siendo tu novia.-El rubio pelilargo fue corriendo a abrazarla.

-Te quiero muchísimo Jaz-Confesó él besando la mejilla de su bonita.

-Ahora sí, así sí me dan ganas de bailar-Respondió ella con una sonrisa mientras apretaba el botón de Play y se dirigía al centro del salón.

“Reina gitana y olé busca gitano y olá”
sonaba en aquél lugar, mientras Jazmín se movía seductoramente alrededor de su amigo y él sentía que su corazón se le iba a salir del lugar.

La canción había finalizado y la distancia entre los dos rubios era casi nula. Él la miraba con deseo, ella lo miraba fijo, como intentando buscar algo en sus ojos. Él en cualquier momento se quemaría, ella en cualquier momento se dejaría quemar o saldría corriendo, él desconocía la posible reacción de la rubia si la besaba, ella desconocía las intenciones de su mejor amigo.

Ojos, boca y ojos de vuelta. Ese era el recorrido que hacía la mirada de Tacho respecto de su amiga, de la cual no se había separado. “Ahora o nunca” pensó para sí mismo. Ojos, boca, ojos, boca. Boca, boca, boca. “Contenete Tachito, contenete” se alertaba a sí mismo. Boca, boca, ojos, boca. “No, mejor no te contengas nada y hacé lo que sientas” se contradecía. Boca, boca, ojos, boca, boca, oscuridad. Había cerrado sus ojos y había acabado con la distancia que lo separaba de su mejor amiga. Fuego.

Sintió cómo la rubia se ponía rígida ante el primer contacto de sus labios contra los de ella pero no le importó. Ya se había quemado, y estaba descargando todo lo que sentía, toda la pasión contenida y todo el amor que le tenía en aquél beso. Finalmente la rubia se había dejado llevar y le respondía con tanta pasión y tanto amor como el que él le transmitía. Las ganas de respirar se hicieron presentes.

-No entiendo-Dijo la rubia sin separarse demasiado.

-Perdoname, por favor perdoname, te amo, siempre te amé, pero no como mi mejor amiga, te amo mucho más que eso y ya no me lo podía guardar-Explicó él angustiado.

-No, no entiendo por qué tardaste tanto para besarme.-Respondió ella con una sonrisa y él rápidamente volvió a capturar los labios de la muchacha.

Todos les decían que parecían una pareja de enamorados, los dos se reían ante esos comentarios. Ella porque le causaba gracia que creyeran que estaba enamorada de su mejor amigo cuando era algo obvio.

A veces les seguían el juego y se hacían los que eran novios. Ella se divertía con el juego, se había prometido a sí misma no llorar por ningún hombre, por lo tanto buscaba el lado positivo a las cosas.

Solían caminar de la mano, abrazarse constantemente, salir a cenar los dos solos bajo la luz de las velas y besarse. Ahora Jazmín Romero y Juan Tacho Morales eran novios oficiales, para ellos y para el mundo.


Flashing Graphics


Como diría mi amiga Eugenia Delph: El paisaje era realmente aburrido, lo único que se veía era vaquita, vaquita, torito, patito, hierba, florcita, laguito, vaquita, vaquita; aunque cada tanto había una variante y pasaba un granjero con cara de malo, o aparecía una casa de la nada.

jueves, 4 de junio de 2009

Photography Graphics

In this theatre I call my soul,
I always play the starring role.


Ya me cansé, ya no va más. Harta estoy, harta ¿Tan difícil es entender que me cansé de todo? ¿Es muy complicado darse cuenta de que lo que realmente se ve es una máscara? Sí, una máscara. Y no, no es que me tenga un título en actuación porque, la verdad, soy muy mala en lo que a eso respecta. Ya me cansé, no voy a seguir guardando lo que me pone mal, ya no va eso de la sonrisa de happy birthday, ya no me importa que se me corra el make up, que me despeine el viento, o que se me rompan mis uñas recién esculpidas. Ya me cansé de mi máscara y de mostrar algo que no soy, por lo menos no en este momento. Tengo que apretar stop y acomodar mis ideas. No está todo bien, por lo menos no adentro mío.

No, Woman no cry cantó alguna vez un tal Bob, yo siempre pensé que los que no tenían que llorar eran los hombres, pero el otro día estábamos pasando el tiempo con Luqui y de fondo estaba ese Marley –Al principio pensé que era el que conducía el programa del Muro pero es otro, este es uno morochito que se llama Bob y no se equivoca tanto- y la verdad es que yo estaba súper cómoda acurrucada entre los brazos de mi negri… No, bueno, volvamos, como decía estábamos escuchando esa canción, y ahora se me viene a la cabeza, porque yo no voy a llorar. Yo soy fuerte, y más teniéndolos a él y a la morci de mi lado.

A pesar de todas nuestras diferencias descubrí que la morci es toda una caja de sorpresas. Junto con él son las dos estrellas que más brillan en todo mi cielo –No, no hablo de Sky la novia de Nicky-. Es medio bruta, mandada, grasa, medio varonera, pero cuando quiere sabe decirme las palabras justas para ponerme bien, además estuvo y está siempre. Ella entiende más que yo, ella se sabe mis máscaras de memoria y sabe cómo hacer para subirse al escenario y darme una mano con el guión. Gran parte de los aplausos al final de la obra son por y para ella.

Quiero ser libre y volar. Quiero poder sentirme en libertad, obviamente siempre y cuando mi libertad esté limitada por my love. Quiero volar, quiero fluir, quiero ahogarme de paz y estar bien conmigo misma. Basta de ser una máscara-dependiente. Se acabaron los días de actuación para Estefanía Rinaldi.

Busco otro juego, otro mundo probar. Basta de barbies, de play station y de Wii. Me encantaría que todos se saquen las máscaras, yo sé que aunque todos los chicos del hogar se pongan el papel de fuertes, que se lleven la vida por delante, que se hagan los “Está todo bien, todo legal” o “Me Río de Janeiro” no soy la única que lo está pasando mal. ¡Como si enterarse que hay toda una corporación en nuestra contra fuera muy fácil de sobrellevar!

Come on, vamos a bailar, vamos juntos hasta el final. A pesar de todo yo los quiero mucho a los chicos, ya sé que parezco una concheta, hueca, que no le importa nada, pero esa es otra de mis múltiples máscaras que quiero hacer desaparecer con urgencia. Podríamos juntarnos todos en un fogón y cantar rasguña las piedras mientras Rama toca la guitarra y ver cómo todos las caretas, y cuando digo todas son realmente todas, se convierten en cenizas, aunque es medio grasa eso ¿No? El punto es que estamos juntos, y eso es lo que importa. Estamos juntos y somos auténticos, todos. Así es imposible que nos pase algo… pero todavía tengo un poco de miedo, Luqui está medio in, medio out de la corporación y tengo miedo por él más que nada, no me gusta que su vida corra peligro las veinticinco horas del día y que él se haga el despreocupado. Sé que no es el rey de la sensibilidad, ni la persona más demostrativa de la vida, pero me encantaría saber qué él sabe que yo estoy para lo que sea y que lo amo con toda mi alma..

Si me buscás, yo estoy acá. Ahora esta es mi casa, ya no quiero ni siquiera pensar en la idea de que en algún momento quise irme a España con mi mamá, bueno con Julia. Me hubiese perdido demasiadas cosas y no me hubiese dando cuenta de nada. Desde encontrar al amor de mi vida, hasta aprender que no importa si uno se viste de violeta con lunares verde flúo y uñas fucsia sino que importa como es uno por adentro y que el valor de cada uno pasa, muy pero muy lejos de la marca de ropa que uno use (Aunque si es de 47 street suma un par de puntitos eh).

A ver si pueden, dejar de lado todo lo que les hice cuando no entendía nada de la life y me hacen un lugarcito, tanto en sus rondas de amigas como en sus corazones. A ver si hoy van por más, aunque nosotros siempre vamos por más. Juntos no nos para nadie. Y aunque parezca extraño que lo esté diciendo yo, es lo que siento.

-Te quiero Morcillita bombón.-Le digo a la morocha petisa que acaba de entrar a la pieza.

-¿Te sentís bien escarbadientes?-Pregunta incrédula. Claro, cómo no va a pensar que estoy
enferma si yo nunca doy semejantes confesiones.

-En mi mejor momento-Contesto regalándole una sonrisa y veo que se acerca a abrazarme.

-Yo también te quiero palito chino… ¿Sabés qué?-Negué con la cabeza y la invité a seguir hablando con un gesto-Thiago me invitó a salir-Dijo con una sonrisa radiante, típica de ella.

-¡Aaaaaaaaaay!-Le grité abrazándola más fuerte- ¡Andá a arreglarte ya!-Seguí gritando emocionada mientras la empujaba al baño. Justo cuando la terminé de sacar la puerta de la pieza se volvió a abrir, esta vez era él.

-Flaqui ¿Cómo estás? Hoy casi ni nos vimos.

-Estoy increíblemente feliz.

-¿Tanto?-Asentí-¿Y se puede saber por qué?-Preguntó con una sonrisa mientras yo pasaba mis manos por su cuello hasta llegar a su nuca.

-Porque te amo muchísimo y descubrí que éste es mi lugar en el mundo. Con vos, con la morci y todos los chicos.

No hicieron falta más palabras, sus labios estaba sobre los míos y nuestras lenguas jugaban. Me besaba con pasión y con la ternura con que solo él sabía besarla. Era el beso perfecto en el momento perfecto.

¿En ese momento qué importa si se viene el mundo abajo? Estoy con la gente que más quiero y que más me quiere.

viernes, 22 de mayo de 2009

Acting

-Buscá vos la forma, no es cosa de que todo lo haga yo acá. Yo tengo un papel y vos otro, cumplí con tu papel.
-No creo en los papeles
-Tus fotos son imágenes sobre papel, ¿creés en tus fotos? Creés en el papel. Creés en TU papel.
-No creo que vos seas un personaje y yo otro, ¿Qué pasa si a la mitad de la obra quiero dejar de ser Polonio y empezar a ser Hamlet?
-Te quejás con el director, y le preguntás por qué te hizo tan Polonio, como hacen todos, pero no podés negar tu papel.
-Puedo decidir no actuar
-Pero la obra se queda sin Polonio, igual vos serías Ofelia.

-¿Por la locura?

-No, por lo hermosa.

lunes, 4 de mayo de 2009

Best Seller menos vendido

Biografía no autorizada de un Juan que nunca existió -cualquier semejanza con la irrealidad es pura coincidencia-


Juan nació el 23 de diciembre de 1983, Juan tiene un hermano más grande que lo cuida mucho. Cuando Juan tenía cinco años le regalaron un pez, Juan se aburría viendo nadar al pez pero otra mascota no lo dejaban tener. Juan hace un año abrió una bicicletería, ahora Juan es todo un hombre de negocios, Juan tiene rulos, Juan es alto, Juan usa bufanda y una campera de corderoy, Juan tiene un jean que usa todo el tiempo pero... ¿Quién es Juan? Juan es un hombre normal, con sus tiempos y problemas como cualquier otro. A Juan le gusta desayunar tostadas con manteca y un vaso de café o de lo que haya, Juan a veces se siente solo, como todos, pero encuentra en Mongo, su perro (ahora que Juan podía elegir la mascota definitivamente había sacado de su lista de mascotas al pez), la compañía necesita para estar bien. Juan ama las galletitas con forma de anillo, sobretodo las rosas con un intento de sabor a frutilla, Juan a veces come bizcochos agridulces. Los viernes a la noche Juan pide pizzas o empanadas porque llega cansado, saborea las pastas que le hace mamá los sábados y disfruta los asados de papá los domingos. Juan es más o menos alto, tiene el pelo castaño y ojos color miel.
A veces, solo a veces, se toma tiempo para hacer nada, generalmente esta corriendo –o andando en bicicleta- todo el día, del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Yo creo que la rutina lo cansa pero está en Juan cambiar las cosas o no. Juan nunca tiene tiempo para hacer lo que realmente quiere y por eso está siempre apurado con el tiempo suficiente. Juan tiene y tuvo muchos miedos como a los payasos, la oscuridad, el monstruo que se esconde debajo de la cama, que se le venga el mundo abajo, miedo a lo que piensen los demás de él. Juan le tiene mucho miedo a los médicos, Juan vive preocupado. Juan no sabe muchas cosas de cocina ni de limpieza, tampoco sabe hacer bien la cama, si fuera por Juan todo el mundo dormiría hasta tarde todos los días. Juan se tiene que afeitar día por medio, Juan a veces se lastima cuando se afeita. Juan siempre cuenta historias. A Juan le gusta escuchar cd’s de los Beatles, Sui generis (Sobre todo esa canción que dice “Juan Represión viste un saco azul, triste, vive como pidiendo perdón y se esconde a la luz del sol”) y Seru Giran, tiene la discografía completa de todos. A Juan le gustaría tener una banda, tiene millones de letras que escribió cuando tenía tiempo de volarse. A veces -solo a veces- se toma tiempo para hacer nada. Ahí es cuando escribe y se inspira. Ahí es cuando se toma tiempo para pensar en ella. Ella se llama Sol, a Juan le gusta mucho hablar y estar con Sol pero la diferencia de edad lo preocupa, Juan sabe que tiene que esperar unos años pero a veces le gustaría dejar de pensar en los demás y hacer lo que él quiere. A Sol también le gusta hablar y estar con Juan y tiene en claro lo de la diferencia de edad. Sol y Juan a veces se encuentran pero sólo como amigos. En realidad no es ese Juan, eso es lo que Juan quiere que sepamos sobre él. El verdadero Juan desayuna tostadas con manteca porque la abuela siempre le hacía comer eso en el desayuno cuando se quedaba a dormir en su casa, al verdadero Juan no le gusta mucho la comida que hacen sus papás pero no quiere admitir que se siente solo y que le gusta estar en familia, el verdadero Juan come las galletitas con forma de anillo porque le hacen acordar a su infancia, tienen un gusto especial para él. El verdadero Juan cuenta historias porque le gusta fantasear con que alguna vez vivió o sintió lo que cuenta. El verdadero Juan escucha esa música porque le gusta y porque lo hace volar, lo lleva a un mundo en el que solo existe lo que él quiere que exista y hace que se olvide de todo y todos los demás. El verdadero Juan no tiene ojos color miel, tiene ojos naranjas que miran más allá de lo que una persona puede ver, miran más lindo, más profundo. A Juan le da miedo jugarse por Sol, al verdadero Juan también le da miedo pero ya se jugó y aunque los demás no se den cuenta el dice que no para poder estar o hablar con ella, cuando está con Sol, Juan se convierte en el verdadero. El verdadero Juan no pide pizzas porque está cansado, pide pizzas porque le gusta hablar con el chico del delivery y siempre se quedan horas conversando como grandes amigos. El verdadero Juan le pone nombre a las cosas, su almohada se llama Malena, su cepillo de dientes Fátima, el peine Gabriel, la televisión Agustina y así con todos los demás objetos que tiene en Margarita, su departamento. El verdadero Juan sabe que el tiempo es interno y que si tiene ganas puede hacer que una hora dure un día y un mes cinco años. Todo esto lo pensaba el verdadero Juan cuando viajaba en colectivo para poder encontrase con Sol.


Diel, en un segundo intento de escritora

domingo, 3 de mayo de 2009

Es la papa universal

Recetas para vivir (Advertencia: La mezcla de recetas puede producir resultados letales por desgaste de vida)

-Puré de universo:
Ingredientes[1]:

  • Papas de días felices
  • Manteca de tropiezos
  • Leche de verdades y mentiras
  • Sal de dulzura

Preparación:

Demasiado tiempo lleva preparar este puré de universo, el primer paso es pelar las papas de días felices, si bien hay momentos en que se deben aplastar, nunca dejan de ser papas de días felices. Se le pone manteca de tropiezos para darle sabor a las papas, mientras de a poco se le echa leche de verdades y mentiras. Ninguno de los pasos anteriores sirven si no se le pone un toque de sal de dulzura al final.

-Ensalada:

Ingredientes:

  • Tomates de rabia
  • Cebollas de llanto
  • Lechugas de recuerdos
  • Aceite de vida

Preparación:

Es importante para la preparación de esta ensalada, que la lechuga, la cebolla y el tomate estén limpios. En primer lugar se deben cortar las cebollas de llantos, es difícil, pero no imposible, seguido de los tomates de rabia que pueden hacernos enojar un poco, en tercer lugar hay que sacar la lechuga de la heladera y, después de limpiarla, juntarla con las cebollas y los tomates en un recipiente y echarle el aceite de vida.

Después de todo el día de cocina (el día, que se convierte en semanas, meses, años), puede ocurrir que te lleve a una imagen:

Agarrarse de la punta del mantel de la mesa sobre la que están todas las cosas para no caerse y terminar tirándote el puré de universo, que estuviste preparando desde hace años, encima. Pensar en que hace un tiempo se te calló una ensalada en la cabeza y todavía no pudiste terminar de sacarla y ahora a esa ensalada que tenés en la cabeza se le está mezclando el puré de universo, hecho de papas que fuiste aplastando con el tiempo. El aceite de vida está bordeando el puré de universo y atentando con caerse de tu cabeza, de a poco se va deslizando y te deja un par de manchas imborrables en la ropa. Los tomates de rabia son sepultados por las papas que aplastaste los días felices y las cebollas de llanto que tanto te costaron cortar van perdiendo su olor y sabor con el paso del tiempo. Las lechugas de recuerdos que sacaste de la heladera y limpiaste en las tardes de lluvia, por alguna extraña razón se van haciendo cada vez menos visibles. Te sentís como adentro de un bol y tenés que juntar la suficiente fuerza como para sacarle la tapa, pero para juntar fuerzas tenés que comer algo. A duras penas vas tragando la ensalada y el puré, hasta que no queda ni un rastro del aceite de vida. Te das cuenta de desde que naciste te estás preparando para esto y que podrías haber llegado con una mejor preparación pero ya es tarde, comiste de tu puré de universo y de la ensalada no quedó nada, menos que menos del aceite de vida.



[1] La cantidad que se ponga de cada ingrediente depende de lo que va viviendo cada uno.



Diel, haciéndose la escritora.