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martes, 6 de abril de 2010

Sábado Santo

Esta entrada lleva como tres días guardada en borradores, porque no me termina de convencer, y creo que nunca me va a terminar de convencer, así que espero poder terminarla ahora, para poder subirla (me guste o no) porque el público (qué público?!) lo pide.

Del miércoles al viernes creo que no hay nada digno de ser escrito, nada relevante, nada interesante, tres días de puro nada, donde no alcanzaban las horas para aburrirme más. Bah, lo único que podría llegar a ser resaltado, fue el viernes a la noche, en el que vi a Jude que me enamoró con su acento inglés, y sus canciones Beatleras, pero de los demás días nada.

El sábado... el sábado ya es otro tema. No desde que empezó, porque podría haber sido mejor, pero sí desde las siete, donde terminamos de arreglarnos para ir a Chumbito y encontrarnos con Bubu, que convencimos de que nos acompañara a Easy, y después a comer. Hicimos negocios en Todo moda, y N habló a los gritos sobre el líquido lubricante, haciendo que los machotes que tenía atrás la miraran con los ojos bien abiertos. Comimos en Mc Donalds y Bubu consiguió su descuento en Beto's y ahora entiende de qué le hablan, cuando le hablan de los sámbuches del lugar en cuestión, y después de comer, le pedimos que nos llevara a lo de C (omitiendo la parte en la que paramos a hacer bandalismo, aunque yo no bajé del auto).

Con Bubu volviendo a su casa, y nosotras a la espera de Betillo, nos arreglamos, y charlamos lo suficiente como para que nunca se acaben los temas de conversación, porque con amigas, nunca se acaban los temas de conversación. Muertas de frío nos subimos al auto, y nos fuimos a SM, para hacer la fila, más temprano que nunca.

Una hora de puro congelamiento, y la noticia de que no íbamos a poder pasar se había dado a conocer, mientras esperábamos, un grupo de muchachos nos hacía de barrera para el frío, porque sino, definitivamente íbamos a morir congeladas.

Decidimos caminar hasta la estación, a ver si podíamos ir a algún otro lugar, cosa que no logramos, y terminamos volviendo, para seguir haciendo la fila, y muriéndonos de frío hasta las tres de la mañana, sin poder pasar en ningún lado, lejos de casa, y sin abrigo. Hablamos con tres millones de personas, y decidimos que lo mejor iba a ser comprar galletitas, e irnos a la casa de C a tomar algo calentito y taparnos con frazadas.

En el kiosko, pedimos Don Satur, y el hombre se fue a buscarlas vaya uno a saber dónde, y C se acercó a pagar, cuando entró un hombre de unos 195 años, todo despeinado, sin entender muy bien dónde estaba.

-Él viene con vos?-Le preguntó el kioskero a C mientras le guiñaba un ojo, y le sacaba la lengua, a lo que C no pudo evitar poner cara de asco, nosotras tentarnos, y salir del kiosko que tenía el ventilador en funcionamiento.

Nos sentamos en el piso, a la espera de Betillo, y empezamos a comer, pero no abrimos los Don Satur, que unos 40 minutos más tarde, nos íbamos a enterar que habían vencido hacía algunos cuantos años, que tenían menos gusto que el telgopor (o como se escriba) y que eran terriblemente asquerosos e incomibles, pero ya habíamos gastado la plata y tampoco sabemos por qué, S los seguía comiendo.

Obvio que todas comimos, porque era una prueba de amistad(?). Después cada una volvió a su casa, y yo, en vez de dormir, me puse a ver la película de Política, hasta las seis y pico de la mañana.

Ahora, digo yo, a nosotras, antes de nacer ya nos cagó un elefante? porque no puede ser que decidamos no salir ningún día de todo el fin de semana largo, y que justo el único día que pedimos permiso para desaparecer durante toda la noche, nos tengamos que volver temprano, porque fue el mismo único día en el que Minoría decidió salir a recorrer las calles de SM. Una cosa de locos, y una mala leche terrible, pero que nos divertimos, nos divertimos.

(Los diálogos y demás cosas que no subí, es porque estoy analizando si subirlos o no, y viendo la forma de hacerlos un poco más entretenidos, porque esto es una caca).

viernes, 12 de febrero de 2010

Huracán

Estábamos felizmente tomando mates con Los chicos de la playa cuando se acercó un muchachito, alto, tez blanca, pelo negro bien oscuro, y unos faroles de puta madre, con su remera manga larga de huracán y la cancha tatuada en la espalda le dimos el apodo "Huracán". Pidiendo un cigarrillo, se acercó hasta donde estábamos nosotros, y los chicos le ofrecieron un mate (siempre y cuando, nosotras dijéramos que sí, cosa que hicimos).

Como si se hubiera ganado la lotería, se sentó feliz, junto con los tres chicos, a tomar mates con nosotras, aprovechando que estaba medio alegre, o fumado, o lo que fuera, le ofrecimos los churros más feos de toda la playa (los había comprado N muerta de hambre, que quería comer churros a toda costa, y compró los últimos siete que quedaban, que no tenían ni azúcar ni dulce de leche, ni nada), los aceptó y se los comió como si fueran el plato más rico de todo el mundo, y nos empezó a hablar.

-Vos tenés novio?-Le preguntó a N, que dijo que sí.-Vos?-Me preguntó a mí, y le dije que no-Bueno, haganmé un lugar que me siento al lado de la rubia.

Se acostó al lado mío, y me miraba, me miraba, y me miraba un poco más mientras yo seguía hablando como si nada con mis amigas y los chicos. Como si estuviera pensando en voz alta, dijo "Sos igual a Emilia Attias" todos lo miramos raro, porque yo no me parezco a Emilia Attias ni aunque me paguen, dándose cuenta de lo que había hecho, quiso arreglas las cosas.

-Emilia... mi tía!

Todos nos empezamos a reír, y aprovechando las risas, volvió a decir que era igual a Emilia Attias. Se quedó un rato más charlando, y después se fue. Estábamos muy equivocados si pensábamos que no lo íbamos a ver más, porque media hora más tarde, más o menos, vino corriendo de atrás, y se me tiró al lado, haciendo que me pegara el susto del año.

Después no lo volvimos a ver, pero cualquier cosa que pasaba, terminaba en un "Vamos a llamar a huracán" y también apareció la variante de la maldición. Si decís Huracán tres veces frente al espejo a las doce de la noche, se te aparece el muchacho en cuestión.

martes, 9 de febrero de 2010

Salida del cheboli

Ya sea el verano, la costa, la sensación de "en la beach somos todos amigos", todos estaban muchísimo más sueltos, sobretodo a la salida de los boliches, en las que tuvimos unas cuantas experiencias.

Salida namber uan:

Tras una (no tan) agotadora noche de bailanta, en la que nos pasamos la madrugada charlando mucho, y bailando muy poco, pero riéndonos por demás, decidimos que era hora de volver. Bah, decidimos, los del boliche decidieron echarnos, porque nosotras estábamos felices bailando "Colgando en tus manos" con todas las luces del lugar prendidas, y los patovicas diciendo que teníamos que salir sí o sí.
Después de mucho tiempo de buscar la única salida que teníamos permitido el paso, fuimos dejando atrás la puerta del lugar, para atravesar la plaza, y después, empezar a desfilar por la pasarela de San bernardo.
Íbamos hablando entre nosotras, y cada tanto hablábamos con alguna persona que se cruzaba en nuestro camino con ganas de charlar, hasta que de repente, levantamos la mirada y venía un chabón bastante viejo, en bóxers corriendo mientras gritaba, y sus amigos (vestidos) lo secundaban.

Saluda namber chu:

Esa vez no hubo, ni canción imposible de bailar, ni luces prendidas, ni patovicas echándonos, por el contrario, había fiebre, aburrimiento y cansancio (¿De qué?), y eso nos indicaba que era hora de marcharnos, por más que faltara aproximadamente una hora (o más) para que los grandotes de la puerta empezaran a sacar a toda la gente.
Apenas pusimos un pie en la plaza, un grupo de jóvenes que no tenían nada mejor para hacer, se habían dividido los roles: Un par sostenían las camperas, y los otros tomaban carrera.
Señores y señoras: Nos estaban toreando! Y no solo eso, sino que gritaban Oleee, daban un par de vueltas al rededor nuestro (mientras nosotras seguíamos caminando y riéndonos como si nada raro estuviera pasando) y ellos volvían a pasar por abajo de las camperas.

Salida namber tri:

Más bien, no fue a la salida del boliche, sino que fue a la salida de la churrería a la que fuimos después del boliche, pero de cualquier manera entra en esta categoría.
Muy campantes, con Seven Up, una docena de churros, y una botella de agua (consumición gratis del boliche) llena de los gérmenes de C, en manos, íbamos cruzando las calles con la intención de llegar a la playa cuanto antes.
Desde la otra cuadra, pudimos escuchar cómo alguien nos gritaba:
-N! Esta vez guardenmé un churro!-Pidió el chico de la playa
Nosotras nos dimos vuelta, le dijimos que sí, y seguimos caminando, a lo que se escucha de atrás:
-N! Guardá un churro eh!
Un rubio que vaya uno a saber de dónde había salido, nos pedía un churro, y le dijimos que sí también, aunque nunca más lo íbamos a ver.
Seguimos caminando un poco más, y un hombre con una porra loca en la cabeza, venía a contra mano y nos cantó:
-Qué mierda tengo que tener para ser tu novioooooooo
Y siguió caminando normalmente, al igual que nosotras.

Droopy 2

Entiendo a la perfección, estamos en épocas de crisis, desestabilidad económica, y todo yéndose a pique. Hay que laburar de lo que salga, y conseguir dinero para sobrevivir, y entiendo las necesidades de la mujer.

Una vez más, un posteo San Bernardístico, que cuenta la historia de Droopy dos. De todos los personajes que encontramos y descubrimos en la playa, creo que el más visto fue Droopy dos, y no podía no tener su lugar en este Bloguito poco transitado, así que he aquí su lugar.

Una mujer rubia, grande, y en busca de lucrar vendiendo flores, recorría la peatonal de Chiozza, con la intención de deshacerse de todas las rosas que llevaba entre manos. Pasó desapercibida, pero no por mucho tiempo más.
En algún que otro restaurant al que fuimos a comer en nuestras noches de plata para gastar, la volvimos a encontrar entre las mesas, ofreciendo sus flores a las parejas que estaban comiendo en el mimso lugar que nosotras.
Para ese momento, a la mujer rubia ya la habíamos visto unas quince veces en menos de dos días, pero está bien, porque tenía que juntar plata, y de última no estaba tan mal que entrara a un restaurant.
Como no podía ser de otra manera, haciéndole honor al apodo que le habíamos encontrado, tenía que seguir cruzándose por nuestro camino, pero verla adentro del boliche, con sus benditas flores, era algo que no podíamos creer.
No sabemos si nos estaba siguiendo, si nosotras la llamábamos con el pensamiento, o qué, pero creo que en esos siete días, vimos más a esa mujer que a los papás de Cari que estaban con nosotros en el departamento.

domingo, 7 de febrero de 2010

Dulces sueños

Salir del cheboli, y caminar por la pasarela de San Bernardo dejando que tus pies guiaran te llevaban a un único destino que no implicaba doblar, ni contar cuadras, ni controlar nombres de calles: La playa. Claramente, a las siete de la mañana nadie tiene en sus planes estar atento a las calles, ni a las cuadras, ni a nada, y todos terminaban en la playa, nosotras no podíamos ser la exepción.
Tacos en mano, las caras arruinadas, los peinados destruídos, y llegamos a la mitad de la distancia entre el balneario y el agua, para sentarnos un rato. El sol dándonos de lleno en la cara, y N buscando un churrero para comprarle churros y satisfacer las necesidades de su panza en ese momento.
Una vez realizada la compraventa de Churros, N se sentó al lado de C para degustar el sabor del dulce de leche, el azúcar y la masa, mientras dejábamos que el sol disminuyera el frío que producía el viento. Silencio, cada una en su mundo, hasta que llegó un muchacho y se le acercó peligrosamente a N con intenciones más que obvias, que se daban a entender por su mirada.

-¿No me das un pedacito del churro?-Más que obvio, lo devoraba con la mirada.
-No boludo! No sabés el hambre que tengo, además medio churro es mucho, y están riquísimos!
-Daaaale, aunque sea el último pedacito
-Bueno, esperá que como un poco más.

Quedaba el culito del churro nada más. Pura masa. Miró al churro, miró al chico, miró al churro de vuelta y se lo comió, y el muchacho casi se muere. Agarró la bolsa de los churros y la dio vuelta arriba de la cabeza de N llenándole el pelo de azúcar. Por otra parte, se habían acercado los amigos, que por lo visto tenían el hobby de taparle el sol a las muchachitas como nosotras, que queríamos tostarnos un poquito (?).
-No nos tapen el sol que está re lindo!-Pidió C casi sin voz.
-El sol está lindo a la mañana, y a la tarde, pero más lindo si lo veo con vos-Tiró alguno de los jóvenes que se nos habían acercado, obviamente no es textual, porque ni siquiera lo escuchamos.
-Aaaaaaay más tierno! Repetilo-Le dijo N, que acababa de sentarse después de salir a correr al chico por toda la playa con la intención de hacerle alguna maldad por haberle tirado todo el azúcar encima.
-No, no me lo acuerdo-Confesó el joven.
-Uh, encima ellas ni te escucharon-Le contó N, viendo que no teníamos ni idea de lo que había dicho.
Cuando miramos para arriba, nos rodeaban unos quince muchachos, que hablaban todos al mismo tiempo, y que nos hablaban a todas al mismo tiempo.
-A la cuenta de tres, todos cambiamos el acento 1... 2... 3
Y repentinamente todos se volvieorn cordobeses, y nos seguían hablando, y nadie entendía nada. Después de charlar un rato, y de prometernos que nos iban a dar churros a la tarde, cuando volviéramos a la playa, nos fuimos.

-Bueno N, por lo menos ahora vas a tener dulces sueños-Le dije antes de dormirnos.

sábado, 6 de febrero de 2010

En la beach somos todos amigos

Siguiendo con los posteos Sanbernardísticos, e intentando que no se fomente la desaparición ni venida a menos de este Bloguito Naked, procedo a contar otra de las cosas que pasaron en la costa. Porque por más que lo que pasó en la beach, queda en la beach, hay cosas que no se van a olvidar, y ya las saben todas las personas con las que hablamos, así que da igual.

El lunes no era el mejor día como para estar en la playa, hacía frío, y estaba medio nublado, pero era lunes, habíamos descansado (poco), y nos habíamos levantado con una predisposición y un humor diferente. Era caminar, de vuelta, por la orilla, con todos los bolsos, y que venga un grupo de pendejos a mojarte, y en vez de putearlos en todos los idiomas, saludarlos, porque en la playa somos todos amigos. La familia de C ya se había vuelto al departamento, y nosotras quedamos a la deriva con un termo y todo lo necesario para hacer mates. Caminamos un poco, hasta llegar a un lugar más poblado de juventud, y nos instalamos, cual morsas en vacaciones, dispuestas a hacer nada.
Todo marchaba a la perfección, hasta que los que se instalaron al lado empezaron a jugar a la pelota. Era como si una nube cargada de tormenta de arena estuviera arriba de nuestras cabezas, porque toda la arena que levantaban con la pelota, iba a parar a donde estaban nosotras, claramente, por más buen humor que una tuviera, a la tercera lluvia arenosa empezamos a las puteadas.
Con unas cuantas disculpas estratégicas, uno de los tres muchachos se fue acercando, y terminó sentado con nosotras hablando, a lo que más tarde se le sumaron dos amigos. Nos fuimos de la playa con la vejiga a punto de explotar, casi a la hora de la cena, sin saber que los muchachos se iban a mantener en contacto con nosotras.
Los días que siguieron, directamente nos instalábamos con la lona, y un rato más tarde, llegaban ellos (uno de los tres que habíamos visto el primer día, se había ido, pero había venido otro a ocupar su lugar) y a veces nos veíamos a la noche.

jueves, 4 de febrero de 2010

Modo Chamulling On

No sé en qué momento el chamullo se volvió tan tecnológico pero pasó. Estábamos bailando de lo más tranquilas en San Bernardo chico, cuando de repente, un muchacho se acercó para sacar a bailar a N. De manera educada, N arruinó cualquier ilusión del muchacho (que debía rondar los veintisiete, ya estaba viejito) de poder bailar juntos, pero eso no hizo que bajara los brazos. Le pidió el celular, para encontrarse más tarde, y obviamente N se lo dio... bah, lo inventó en el momento y el joven (no tan joven) se dio cuenta, entonces decidió dar él su celular (literalmente). 15 *** *** ** Ramón. Nos mostró que anotaba en la pantallita de su celular y lo guardaba en la agenda del aparatito, y sus siguientes palabras a N fueron más o menos así "Vos te llevás este celular, ese es mi número, entonces después, más tarde, me llamás así nos encontramos en la playa, dale?"
N le dijo que no, que se quedara con su celular, que no lo pensaba llamar, pero tranquilamente podríamos haber vuelto al departamento con una nueva adquisición.