Dile al amor que yo no tengo puerta, porque me han robado, llamá a la policía, ay dile al amor que me han entrado los chorros, asaltaron la cocina, se llevaron jamones ♪
Después de este posteo, claramente, me llegaron muchos más mensajes que me hicieron reír y sonreír, pero me acaba de llegar uno que es digno de aparecer en el blog.
"De: Carilinas. Mensaje: Jaja Sos más tierna que la mierda vestida de novia jaja te amo"
Y buscando algún otro mensaje que valiera la pena, encontré este:
"De: She Mensaje: Pq ese cacharro tenía gps? Fue too much jajaja llegué sana y salva, duerman bien!"
Claro que vale la pena porque junto con el mensaje, y el por qué del mensaje, me hizo acordar al sábado lleno de charlas y risas y papelones, porque realmente no estamos bien de la cabeza (Eh sí, nos vamos a cantar un poco, después volvemos).
Y vamos por un mensajito más.
"De: She Mensaje: Se lo COJIO se lo COJIO a nachin!"
(Sí, estaba con esa palabra en mayúscula) Lo pongo porque hace un ratito estuvimos hablando sobre eso, bah, sobre las ganas de tener un chongo como Nach y la sequía que hay.
Definitivamente el año no lo empezamos bien, y no está mejorando, vamos paseando de hospital en hospital y es un bajón tremendo, pero hay que buscarle el lado bueno a las cosas, y aunque no estoy segura de que sea el lado bueno de las cosas por lo menos nos divertimos bastante.
Bajamos al primer piso para poder ir a comprar algo para tomar, y el de seguridad, educadamente nos saludó.
-Chau...-Dijo el hombre.
-No, en un ratito volvemos-Le avisó S, sabiendo que el horario de visita todavía no terminaba, ya estábamos llegando a la vereda, cuando el chabón respondió.
-Mejor, mejor...
Sin comentarios, además cuando volvimos nos miró de arriba a abajo, y cuando nos fuimos, nos miró de vuelta.
Ayer volvimos. En el viaje, el colectivero casi se agarra a trompadas con un chabón, estuvimos media hora parados escuchando la pelea, y casi volamos por los aires por la brusquedad con la que frenó el chofer. Saludamos a un chico en pleno balcón de avenica Corrientes, que resultó ser un conocido nuestro y hablamos por más de media hora de las pocas actividades del congreso. Caminamos un poco, preguntamos otro poco y llegamos al hospital. El policía no solo nos saludó sino que además nos preguntó cómo estábamos y nos avisó que subiéramos de a dos, porque sino nos iban a ir a retar. No le hicimos caso y subimos las cuatro, en esos ascensores que son de la época de Colón. Decoramos toda la habitación con carteles y flores, apagamos las luces, pusimos música y se armó el boliche adentro de la habitación.
Después, nos volvió a agarrar sed, y bajamos, N y yo, a comprar al kiosko. La gente nos saludaba por la calle, y el kioskero ya nos conocía, volvimos y vimos una bolsa de tomates en buen estado en el medio de la vereda, y volvimos a subir a las habitaciones. Chusmeamos, bailamos, nos reímos, y nos echaron, porque el horario de visita se había terminado.
Hoy safamos, el policía se hizo el que no nos conocía porque estaba con una compañera de trabajo, y además S y yo llegamos acompañadas de mi vieja, no necesitamos nada para tomar y no tuvimos ninguna pelea en el camino, pero lo más probable en este mes que vamos, prácticamente, a vivir en el hospital, nos toquen vivir muchísimas anécdotas más.
No quiero vivir con miedo a perderte Me quiero morir si no puedo verte En mi vida no hay más salida No puedo dormir si no puedo tenerte No puedo seguir muriendo lentamente
Peti, combo nugget de pollo, mejorate rápido porque se pudre todo eh.
Por primera vez en lo que va del año, estábamos poniendo un poquito -muuuuy poquito- de atención en la clase de inglés. La charla consistía en encontrar el worst job ever, y el best job ever. Hablando de los peores trabajos, empezamos a decir los más insalubres de todos.
Teacher: Bueno, ser recolector de basura es un horror, imaginensé, nosotros con lo del H1N1 estábamos todos paranoicos, lavándonos las manos, usando alcohol, y demás, y ellos tenían que tocar todos los virus y bacterias.
Debatimos un rato sobre el tema del recolector de basura, y no me acuerdo cómo, llegamos a hablar de slumdog millonaire.
Teacher: Es como en slumdog millonaire, cuando el nenito se cae, que va caminando lleno de bosta...
Cari desde atrás mío: ¿Caca o vómito? (dándome a entender que tenía que elegir entre una de las dos cosas).
Yo: ...Caca... creo...
Cari: ¿Vos She? ¿Caca o vómito?
She: Ninguno...
Cari: Pero si te dan a elegir!
She: No elijo ninguno.
Cari: Pero imaginate que tenés que elegir y no te queda otra opción.
She: Caca... ¿Por?
Cari: Porque en la película el nene va caminando lleno de caca.
Esta entrada lleva como tres días guardada en borradores, porque no me termina de convencer, y creo que nunca me va a terminar de convencer, así que espero poder terminarla ahora, para poder subirla (me guste o no) porque el público (qué público?!) lo pide.
Del miércoles al viernes creo que no hay nada digno de ser escrito, nada relevante, nada interesante, tres días de puro nada, donde no alcanzaban las horas para aburrirme más. Bah, lo único que podría llegar a ser resaltado, fue el viernes a la noche, en el que vi a Jude que me enamoró con su acento inglés, y sus canciones Beatleras, pero de los demás días nada.
El sábado... el sábado ya es otro tema. No desde que empezó, porque podría haber sido mejor, pero sí desde las siete, donde terminamos de arreglarnos para ir a Chumbito y encontrarnos con Bubu, que convencimos de que nos acompañara a Easy, y después a comer. Hicimos negocios en Todo moda, y N habló a los gritos sobre el líquido lubricante, haciendo que los machotes que tenía atrás la miraran con los ojos bien abiertos. Comimos en Mc Donalds y Bubu consiguió su descuento en Beto's y ahora entiende de qué le hablan, cuando le hablan de los sámbuches del lugar en cuestión, y después de comer, le pedimos que nos llevara a lo de C (omitiendo la parte en la que paramos a hacer bandalismo, aunque yo no bajé del auto).
Con Bubu volviendo a su casa, y nosotras a la espera de Betillo, nos arreglamos, y charlamos lo suficiente como para que nunca se acaben los temas de conversación, porque con amigas, nunca se acaban los temas de conversación. Muertas de frío nos subimos al auto, y nos fuimos a SM, para hacer la fila, más temprano que nunca.
Una hora de puro congelamiento, y la noticia de que no íbamos a poder pasar se había dado a conocer, mientras esperábamos, un grupo de muchachos nos hacía de barrera para el frío, porque sino, definitivamente íbamos a morir congeladas.
Decidimos caminar hasta la estación, a ver si podíamos ir a algún otro lugar, cosa que no logramos, y terminamos volviendo, para seguir haciendo la fila, y muriéndonos de frío hasta las tres de la mañana, sin poder pasar en ningún lado, lejos de casa, y sin abrigo. Hablamos con tres millones de personas, y decidimos que lo mejor iba a ser comprar galletitas, e irnos a la casa de C a tomar algo calentito y taparnos con frazadas.
En el kiosko, pedimos Don Satur, y el hombre se fue a buscarlas vaya uno a saber dónde, y C se acercó a pagar, cuando entró un hombre de unos 195 años, todo despeinado, sin entender muy bien dónde estaba.
-Él viene con vos?-Le preguntó el kioskero a C mientras le guiñaba un ojo, y le sacaba la lengua, a lo que C no pudo evitar poner cara de asco, nosotras tentarnos, y salir del kiosko que tenía el ventilador en funcionamiento.
Nos sentamos en el piso, a la espera de Betillo, y empezamos a comer, pero no abrimos los Don Satur, que unos 40 minutos más tarde, nos íbamos a enterar que habían vencido hacía algunos cuantos años, que tenían menos gusto que el telgopor (o como se escriba) y que eran terriblemente asquerosos e incomibles, pero ya habíamos gastado la plata y tampoco sabemos por qué, S los seguía comiendo.
Obvio que todas comimos, porque era una prueba de amistad(?). Después cada una volvió a su casa, y yo, en vez de dormir, me puse a ver la película de Política, hasta las seis y pico de la mañana.
Ahora, digo yo, a nosotras, antes de nacer ya nos cagó un elefante? porque no puede ser que decidamos no salir ningún día de todo el fin de semana largo, y que justo el único día que pedimos permiso para desaparecer durante toda la noche, nos tengamos que volver temprano, porque fue el mismo único día en el que Minoría decidió salir a recorrer las calles de SM. Una cosa de locos, y una mala leche terrible, pero que nos divertimos, nos divertimos.
(Los diálogos y demás cosas que no subí, es porque estoy analizando si subirlos o no, y viendo la forma de hacerlos un poco más entretenidos, porque esto es una caca).
Y te escribí una carta que nunca mandé, y de la que nunca te vas a enterar, pero vos aparecés, con tus anteojos de moda, y tu pañuelo en el cuello, con tus camisas que son pasión, y con tu sonrisa sincera, y yo no puedo evitar putearte. Tenés el tupé de aparecerte así como si nada, y cantar canciones de los beatles como si hablaras del clima.
Sos tan lindo que ni siquiera parece que te duele la cara, como diría la canción, y yo te doy hasta las gracias, aunque sea un amor compartido con Cari (y con unas cuantas más que no vienen al caso).
A ver si te das cuenta de la gravedad de la situación y te ubicás un poquito, porque mi corazón no resiste semejantes videos, fotos, ni declaraciones. Ya te voy a mandar la carta, y vas a saber que soy el amor de tu vida.
Claro está que nosotras no estamos muy bien de la cabeza, y que a medida que va avanzando la noche, nuestra cordura se va despidiendo de nosotras, y se toma el buque vaya una a saber dónde. Estoy segurísima que a donde quiera que vaya, lo pasa bárbaro, porque no vuelve hasta unas cuantas horas después.
Y toda esta introducción es una excusa a la situación que vivimos el sábado, en lo de S. C y yo estábamos tiradas en el piso de la cocina, al lado de la heladera que largaba mal olor, S estaba sentada al lado nuestro pasándose crema en los orificios nasales, y A, N, y V Sentadas civilizadamente en la mesa, usando la notebook.
Se abrió un tema de debate, entre las tres que estábamos tiradas en el piso, respecto a la canción que escuchaban las civilizadas. La cocina estaba copada al ritmo de Lady Gaga, y nosotras estabamos inmersas en el hermafroditismo.
-¿Cómo es la onda? ¿Tiene pito y atrás el agujero?-Dijo S. -¿Tiene pito y conchi?-Preguntó C (Mentira, esa parte la inventé yo) -No S, tiene pito, pero adentro tiene ovarios... creo-Dije yo dudando. -Tiene pito y adentro ovarios!-Gritó V, del bando de las civilizadas, confirmando lo que acababa de decir. -¿Y cómo hacen? ¿Chocan pito con pito y así le pasa los espermatozoides y queda embarazada?-Preguntó S -Pito con Pito-Repitió C mientras chocaba los dedos índices. Durante un largo rato estuvimos diciendo "Pito con pito" mientras chocábamos dedos índices, y después: -¿Y Si los dos tienen conchi?-S como siempre. -Conchi con conchi-Dijo C y empezamos a chocar las manos haciendo el gestito de idea.
Pero como dije antes, y la cordura tarda en volver, porque probablemente esté súper enfiestada con la razón y la seriedad, que se tomaron un descanso, hoy en gimnasia la charla siguió. Y cada vez se suma más gente. El pito con pito copa al mundo.
Que nos hayan dejado el tercer piso del Mc donald's (el que está en diagonal al Village de Caballito) únicamente para nosotras, no sé si puede nombrarse un beneficio. Claro que estábamos en la comodidad de elegir la mesa que se nos antojara, o sentarnos de la manera que quisiéramos, o reirnos sin importar que las demás personas nos miraran mal (cosa que ya estamos acostumbradas), pero la situación no fue tan cómoda.
Con S nos habíamos quedado esperando el pedido, cuando subimos, buscamos en todas las mesas y no había nadie, empecé a subir las escaleras, y el de seguridad me miró con cara de malo, dándome a entender que no se podía pasar, así que volvimos a hacer una recorrida por todas las mesas, buscando a las chicas que habían subido hacía un buen rato. S se volvió a asomar y le preguntó si podíamos subir.
-Preferiblemente no-Respondió el de seguridad.
-Es que están nuestras amigas ahí...-Le explicó S
-Ah, sí, ¿son tres chicas?-Preguntó mientras compartía una mirada cómplice con el que limpiaba.
-Sí, esas-Y S empezó a subir las escaleras y vio que no había absolutamente nadie, y paró a mitad de camino, y yo paré con ella.-No hay nadie, no están acá...
-Sí, al fondo a la derecha se sentaron- Igual no nos tenían fichadas, ¿no?-Tienen la exclusividad de tener todo el piso para ustedes chicas, encima son cinco chicas... solas...
Ok. Fue demasiado. Asqueroso. Viejo verde y mal chamullador. Muertas de la risa, llegamos al fondo a la derecha, y nos encontramos con las chicas, que se descostillaban después de haber escuchado la escena que habíamos tenido con el security guard. Nos contaron que también había hablado con ellas, y nos dispusimos a comer. Un tiempo más tarde, el policía se acercó a nuestra mesa y nos empezó a hablar.
-Yo quería decirles que a las once, más o menos, empiezo a sacar a la gente, viste, yo me quiero ir, y además tenemos que cerrar.-Miramos el reloj y faltaban cinco minutos-Igual primero empiezo a sacar a los que están afuera...
-Pero dijiste que era hasta las once y media-Se quejó N viendo que nosotras acabábamos de subir y no llegábamos a tiempo a comer.
-De última se pasan al balcón que tienen al lado, pueden hacer como la mujer esta que se tiró...
-La pradón?-Dijo C
-Sí esa...
-Pero ni se dio cuenta, con los implantes amortiguó el golpe-Agregó V
-Yo me la imagino cuando se despierta, se le debe ir todo para cualquier lado-Comentó el de seguridad, haciendo gestos con las manos, y después siguieron un par de comentarios medio desubicados de cómo se imaginaba a la mujer en cuestión, y nosotras no podíamos parar de reírnos por la incomodidad de la situación, hasta que se dio cuenta de que era un desubicado que decía cosas asquerosas mientras nosotras comíamos, y nos pidió perdón y volvió a irse.
Seguimos comiendo, lo más rápido posible para irnos a la mierda con urgencia. V y N decidieron ir al baño y el policía volvió.
-Venía porque hay dos chicas haciendo disturbios en el baño, nada, me llamó el gerente y me dijo que era muy factible que dos de sus amigas estuvieran cuchicheando en el baño...-elmásgomayviejoverdedelaño@gmail.com
-Sí, seguramente estén cuchicheando.-Le dije yo.
-Sí, es que hay cámaras y todo eso, y me pidieron que controlara todo.
No le prestamos más atención y volvió a irse. Las chicas volvieron, y nosotras nos fuimos, y ¿Quién estaba en la puerta? Bingo! Mr goma, que nos saludó y nos dijo un par de cosas que ahora no me acuedo (por suerte). Después cruzamos, mientras N nos explicaba que esos eran los beneficios de ser lindas (sí claro), y estaban los que tenían un hacha e intenciones de matarnos.
No me parece que haya sido un beneficio la situación de la cena, y de última, fue por el simple hecho de tener los atributos que tiene que tener un ser humano para clasificarlo hembra. Realmente disgusting.
Estábamos felizmente tomando mates con Los chicos de la playa cuando se acercó un muchachito, alto, tez blanca, pelo negro bien oscuro, y unos faroles de puta madre, con su remera manga larga de huracán y la cancha tatuada en la espalda le dimos el apodo "Huracán". Pidiendo un cigarrillo, se acercó hasta donde estábamos nosotros, y los chicos le ofrecieron un mate (siempre y cuando, nosotras dijéramos que sí, cosa que hicimos).
Como si se hubiera ganado la lotería, se sentó feliz, junto con los tres chicos, a tomar mates con nosotras, aprovechando que estaba medio alegre, o fumado, o lo que fuera, le ofrecimos los churros más feos de toda la playa (los había comprado N muerta de hambre, que quería comer churros a toda costa, y compró los últimos siete que quedaban, que no tenían ni azúcar ni dulce de leche, ni nada), los aceptó y se los comió como si fueran el plato más rico de todo el mundo, y nos empezó a hablar.
-Vos tenés novio?-Le preguntó a N, que dijo que sí.-Vos?-Me preguntó a mí, y le dije que no-Bueno, haganmé un lugar que me siento al lado de la rubia.
Se acostó al lado mío, y me miraba, me miraba, y me miraba un poco más mientras yo seguía hablando como si nada con mis amigas y los chicos. Como si estuviera pensando en voz alta, dijo "Sos igual a Emilia Attias" todos lo miramos raro, porque yo no me parezco a Emilia Attias ni aunque me paguen, dándose cuenta de lo que había hecho, quiso arreglas las cosas.
-Emilia... mi tía!
Todos nos empezamos a reír, y aprovechando las risas, volvió a decir que era igual a Emilia Attias. Se quedó un rato más charlando, y después se fue. Estábamos muy equivocados si pensábamos que no lo íbamos a ver más, porque media hora más tarde, más o menos, vino corriendo de atrás, y se me tiró al lado, haciendo que me pegara el susto del año.
Después no lo volvimos a ver, pero cualquier cosa que pasaba, terminaba en un "Vamos a llamar a huracán" y también apareció la variante de la maldición. Si decís Huracán tres veces frente al espejo a las doce de la noche, se te aparece el muchacho en cuestión.
Ya sea el verano, la costa, la sensación de "en la beach somos todos amigos", todos estaban muchísimo más sueltos, sobretodo a la salida de los boliches, en las que tuvimos unas cuantas experiencias.
Salida namber uan:
Tras una (no tan) agotadora noche de bailanta, en la que nos pasamos la madrugada charlando mucho, y bailando muy poco, pero riéndonos por demás, decidimos que era hora de volver. Bah, decidimos, los del boliche decidieron echarnos, porque nosotras estábamos felices bailando "Colgando en tus manos" con todas las luces del lugar prendidas, y los patovicas diciendo que teníamos que salir sí o sí. Después de mucho tiempo de buscar la única salida que teníamos permitido el paso, fuimos dejando atrás la puerta del lugar, para atravesar la plaza, y después, empezar a desfilar por la pasarela de San bernardo. Íbamos hablando entre nosotras, y cada tanto hablábamos con alguna persona que se cruzaba en nuestro camino con ganas de charlar, hasta que de repente, levantamos la mirada y venía un chabón bastante viejo, en bóxers corriendo mientras gritaba, y sus amigos (vestidos) lo secundaban.
Saluda namber chu:
Esa vez no hubo, ni canción imposible de bailar, ni luces prendidas, ni patovicas echándonos, por el contrario, había fiebre, aburrimiento y cansancio (¿De qué?), y eso nos indicaba que era hora de marcharnos, por más que faltara aproximadamente una hora (o más) para que los grandotes de la puerta empezaran a sacar a toda la gente. Apenas pusimos un pie en la plaza, un grupo de jóvenes que no tenían nada mejor para hacer, se habían dividido los roles: Un par sostenían las camperas, y los otros tomaban carrera. Señores y señoras: Nos estaban toreando! Y no solo eso, sino que gritaban Oleee, daban un par de vueltas al rededor nuestro (mientras nosotras seguíamos caminando y riéndonos como si nada raro estuviera pasando) y ellos volvían a pasar por abajo de las camperas.
Salida namber tri:
Más bien, no fue a la salida del boliche, sino que fue a la salida de la churrería a la que fuimos después del boliche, pero de cualquier manera entra en esta categoría. Muy campantes, con Seven Up, una docena de churros, y una botella de agua (consumición gratis del boliche) llena de los gérmenes de C, en manos, íbamos cruzando las calles con la intención de llegar a la playa cuanto antes. Desde la otra cuadra, pudimos escuchar cómo alguien nos gritaba: -N! Esta vez guardenmé un churro!-Pidió el chico de la playa Nosotras nos dimos vuelta, le dijimos que sí, y seguimos caminando, a lo que se escucha de atrás: -N! Guardá un churro eh! Un rubio que vaya uno a saber de dónde había salido, nos pedía un churro, y le dijimos que sí también, aunque nunca más lo íbamos a ver. Seguimos caminando un poco más, y un hombre con una porra loca en la cabeza, venía a contra mano y nos cantó: -Qué mierda tengo que tener para ser tu novioooooooo Y siguió caminando normalmente, al igual que nosotras.
Entiendo a la perfección, estamos en épocas de crisis, desestabilidad económica, y todo yéndose a pique. Hay que laburar de lo que salga, y conseguir dinero para sobrevivir, y entiendo las necesidades de la mujer.
Una vez más, un posteo San Bernardístico, que cuenta la historia de Droopy dos. De todos los personajes que encontramos y descubrimos en la playa, creo que el más visto fue Droopy dos, y no podía no tener su lugar en este Bloguito poco transitado, así que he aquí su lugar.
Una mujer rubia, grande, y en busca de lucrar vendiendo flores, recorría la peatonal de Chiozza, con la intención de deshacerse de todas las rosas que llevaba entre manos. Pasó desapercibida, pero no por mucho tiempo más. En algún que otro restaurant al que fuimos a comer en nuestras noches de plata para gastar, la volvimos a encontrar entre las mesas, ofreciendo sus flores a las parejas que estaban comiendo en el mimso lugar que nosotras. Para ese momento, a la mujer rubia ya la habíamos visto unas quince veces en menos de dos días, pero está bien, porque tenía que juntar plata, y de última no estaba tan mal que entrara a un restaurant. Como no podía ser de otra manera, haciéndole honor al apodo que le habíamos encontrado, tenía que seguir cruzándose por nuestro camino, pero verla adentro del boliche, con sus benditas flores, era algo que no podíamos creer. No sabemos si nos estaba siguiendo, si nosotras la llamábamos con el pensamiento, o qué, pero creo que en esos siete días, vimos más a esa mujer que a los papás de Cari que estaban con nosotros en el departamento.
Salir del cheboli, y caminar por la pasarela de San Bernardo dejando que tus pies guiaran te llevaban a un único destino que no implicaba doblar, ni contar cuadras, ni controlar nombres de calles: La playa. Claramente, a las siete de la mañana nadie tiene en sus planes estar atento a las calles, ni a las cuadras, ni a nada, y todos terminaban en la playa, nosotras no podíamos ser la exepción. Tacos en mano, las caras arruinadas, los peinados destruídos, y llegamos a la mitad de la distancia entre el balneario y el agua, para sentarnos un rato. El sol dándonos de lleno en la cara, y N buscando un churrero para comprarle churros y satisfacer las necesidades de su panza en ese momento. Una vez realizada la compraventa de Churros, N se sentó al lado de C para degustar el sabor del dulce de leche, el azúcar y la masa, mientras dejábamos que el sol disminuyera el frío que producía el viento. Silencio, cada una en su mundo, hasta que llegó un muchacho y se le acercó peligrosamente a N con intenciones más que obvias, que se daban a entender por su mirada.
-¿No me das un pedacito del churro?-Más que obvio, lo devoraba con la mirada. -No boludo! No sabés el hambre que tengo, además medio churro es mucho, y están riquísimos! -Daaaale, aunque sea el último pedacito -Bueno, esperá que como un poco más.
Quedaba el culito del churro nada más. Pura masa. Miró al churro, miró al chico, miró al churro de vuelta y se lo comió, y el muchacho casi se muere. Agarró la bolsa de los churros y la dio vuelta arriba de la cabeza de N llenándole el pelo de azúcar. Por otra parte, se habían acercado los amigos, que por lo visto tenían el hobby de taparle el sol a las muchachitas como nosotras, que queríamos tostarnos un poquito (?). -No nos tapen el sol que está re lindo!-Pidió C casi sin voz. -El sol está lindo a la mañana, y a la tarde, pero más lindo si lo veo con vos-Tiró alguno de los jóvenes que se nos habían acercado, obviamente no es textual, porque ni siquiera lo escuchamos. -Aaaaaaay más tierno! Repetilo-Le dijo N, que acababa de sentarse después de salir a correr al chico por toda la playa con la intención de hacerle alguna maldad por haberle tirado todo el azúcar encima. -No, no me lo acuerdo-Confesó el joven. -Uh, encima ellas ni te escucharon-Le contó N, viendo que no teníamos ni idea de lo que había dicho. Cuando miramos para arriba, nos rodeaban unos quince muchachos, que hablaban todos al mismo tiempo, y que nos hablaban a todas al mismo tiempo. -A la cuenta de tres, todos cambiamos el acento 1... 2... 3 Y repentinamente todos se volvieorn cordobeses, y nos seguían hablando, y nadie entendía nada. Después de charlar un rato, y de prometernos que nos iban a dar churros a la tarde, cuando volviéramos a la playa, nos fuimos.
-Bueno N, por lo menos ahora vas a tener dulces sueños-Le dije antes de dormirnos.
Siguiendo con los posteos Sanbernardísticos, e intentando que no se fomente la desaparición ni venida a menos de este Bloguito Naked, procedo a contar otra de las cosas que pasaron en la costa. Porque por más que lo que pasó en la beach, queda en la beach, hay cosas que no se van a olvidar, y ya las saben todas las personas con las que hablamos, así que da igual.
El lunes no era el mejor día como para estar en la playa, hacía frío, y estaba medio nublado, pero era lunes, habíamos descansado (poco), y nos habíamos levantado con una predisposición y un humor diferente. Era caminar, de vuelta, por la orilla, con todos los bolsos, y que venga un grupo de pendejos a mojarte, y en vez de putearlos en todos los idiomas, saludarlos, porque en la playa somos todos amigos. La familia de C ya se había vuelto al departamento, y nosotras quedamos a la deriva con un termo y todo lo necesario para hacer mates. Caminamos un poco, hasta llegar a un lugar más poblado de juventud, y nos instalamos, cual morsas en vacaciones, dispuestas a hacer nada. Todo marchaba a la perfección, hasta que los que se instalaron al lado empezaron a jugar a la pelota. Era como si una nube cargada de tormenta de arena estuviera arriba de nuestras cabezas, porque toda la arena que levantaban con la pelota, iba a parar a donde estaban nosotras, claramente, por más buen humor que una tuviera, a la tercera lluvia arenosa empezamos a las puteadas. Con unas cuantas disculpas estratégicas, uno de los tres muchachos se fue acercando, y terminó sentado con nosotras hablando, a lo que más tarde se le sumaron dos amigos. Nos fuimos de la playa con la vejiga a punto de explotar, casi a la hora de la cena, sin saber que los muchachos se iban a mantener en contacto con nosotras. Los días que siguieron, directamente nos instalábamos con la lona, y un rato más tarde, llegaban ellos (uno de los tres que habíamos visto el primer día, se había ido, pero había venido otro a ocupar su lugar) y a veces nos veíamos a la noche.
No sé en qué momento el chamullo se volvió tan tecnológico pero pasó. Estábamos bailando de lo más tranquilas en San Bernardo chico, cuando de repente, un muchacho se acercó para sacar a bailar a N. De manera educada, N arruinó cualquier ilusión del muchacho (que debía rondar los veintisiete, ya estaba viejito) de poder bailar juntos, pero eso no hizo que bajara los brazos. Le pidió el celular, para encontrarse más tarde, y obviamente N se lo dio... bah, lo inventó en el momento y el joven (no tan joven) se dio cuenta, entonces decidió dar él su celular (literalmente). 15 *** *** ** Ramón. Nos mostró que anotaba en la pantallita de su celular y lo guardaba en la agenda del aparatito, y sus siguientes palabras a N fueron más o menos así "Vos te llevás este celular, ese es mi número, entonces después, más tarde, me llamás así nos encontramos en la playa, dale?" N le dijo que no, que se quedara con su celular, que no lo pensaba llamar, pero tranquilamente podríamos haber vuelto al departamento con una nueva adquisición.
En cualquier momento estamos arriba del micro (Somos unos angelitos y no vamos a hacer nada) rumbo a la mejor semana lejos del conurbano boanerense de todo enero.
Y no hay nada más divertido que volver a pasar por el corazón, sobre todo si se trata de momentos con amigas, y como lo prometido es deuda, he aquí un post viajero, que se compró un pasaje directo al corazón. Porque aunque ya estemos grandecitas, nos divertimos haciendo cosas de nenes chiquitos, por ejemplo saludar a las personas desde el auto. Allá por mil novecientos noventa y ocho y principios del dos mil, cada vez que salíamos con un micro de la escuela no podíamos evitar saludar a la gente, e ir contando la cantidad de personas que respondían al saludo. Hacíamos competencias, a ver quién lograba recibir más saludos. Me acuerdo que una vez llegamos a los 119, y también me acuerdo que había gente muy ortiva. Y ante ayer, también nos pusimos a saludar gente, y también había gente ortiva, pero había un par que no, y saludaban y se cagaban de risa.
Después de analizarlo por muy poco tiempo, ya está decidido. De alguna manera voy a meterme a Pampa, o al vestuario, y voy a enamorar a Gastón (que cumple años mañana y sigue tan lindo como siempre), ese es el primer paso, a eso le sigue la repartición de bienes humanos a Cari y a She, yo desenamoro a Gas, se lo mando a Cari, y la tercer etapa consiste en pelear con la rubia, por Pabli. Una vez que cada una esté con su muchacho, nos mudamos a un pais donde se acepte la poligamia, y nos casamos con los otros galanes. Podemos, a modo de changuí, agregar a Marianito a la vida poligámica, eso no se nos había ocurrido antes, pero lo estoy proponiendo ahora. Eso sí, a los galanes los compartimos, pero con el morfi no se jode.